Publicado 20/06/2026 03:15

Colombia llega este domingo a la segunda vuelta de sus elecciones más polarizadas de su historia reciente

Mesa electoral en el municipio colombiano de Isnos, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
Mesa electoral en el municipio colombiano de Isnos, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. - Europa Press/Contacto/Santiago Chimbaco

MADRID 20 Jun. (EUROPA PRESS) -

Colombia llega este domingo a la fase decisiva de sus elecciones presidenciales tras una campaña marcada por el triunfo en primera vuelta del aspirante Abelardo de la Espriella frente al oficialista Iván Cepeda, y diversas polémicas, como la injerencia de Estados Unidos, el uso político de la camiseta de la selección de fútbol, o el paroxístico protagonismo del presidente Gustavo Petro.

Todas las encuestas dan como ganador a la fórmula presidencial del movimiento Defensores de la Patria que encabeza De la Espriella, el autoproclamado 'outsider' de la política colombiana, a quien durante la campaña le han vuelto a recordar sus supuestos vínculos con los grupos paramilitares.

El ultraderechista, que a principios de año apenas alcanzaba el 20% de la intención de voto, ronda para este domingo el 50%, situándose en el mejor de sus escenarios casi ocho puntos porcentuales por encima de Cepeda, que rondaría el 44% de los apoyos, según los sondeos, mientras que el voto en blanco supera el 6%.

Los 41 millones de colombianos registrados para votar vuelven a decidir entre dos modelos de país diametralmente opuestos y en medio de una más que clara polarización a tenor de los resultados de la primera vuelta de mayo, en la que De la Espriella superó por 660.000 votos a Cepeda, con más de 406.000 papeletas en blanco, otras 245.000 nulas y una abstención de 17 millones de personas, mediante.

A diferencia de lo que ocurre en otros lugares, en Colombia los abstencionistas suelen tender al centro y es ahí hacia donde ha discurrido Cepeda moderando el tono y tejiendo alianzas con la excandidata Claudia López, o modificando su programa, descartando incluso sus aspiraciones de reformar la Constitución.

De la Espriella por su parte cuenta con el respaldo de otros candidatos conservadores, como Paloma Valencia, tercera en primera vuelta, así como del padrino político de esta, el expresidente Álvaro Uribe. Pero sin duda el apoyo más mediático es el del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien hasta en dos ocasiones ha expresado su predilección por el 'Tigre', como se hace llamar.

El regreso de Trump a la Casa Blanca ha significado también la vuelta a una mayor injerencia de Washington en los últimos procesos electorales de la región sudamericana, caso de Bolivia, o sin ningún tipo de tapujos en Honduras o Colombia.

Trump se ha deshecho en halagos hacia De la Espriella y ha sugerido que las buenas relaciones entre ambos países dependerán de si sale vencedor. Por su parte, el candidato colombiano ya ha dejado claro que comparte las políticas de Washington para combatir el narcotráfico y el crimen organizado.

Sin embargo, al presidente colombiano también se le ha venido reprochando su participación durante la campaña, contraviniendo así el principio de independencia que se le presupone al jefe de Estado, hasta el punto que un juez ordenó que se abstuviera de hacerlo tras aceptar una tutela presentada por la ciudadanía.

Petro también ha sido cuestionado por poner en duda vehementemente el resultado de la primera vuelta y sugerir la posibilidad de que se cometiera fraude. Unas teorías que su heredero político no ha respaldado.

A VUELTAS CON LA CAMISETA DE LA SELECCIÓN

En Colombia, con la salvedad del Mundial de Qatar de 2022 que se celebró a finales de ese año por razones climáticas, la mayor cita futbolística del planeta coincide con las elecciones presidenciales. Una coincidencia histórica que suele servir para relajar los ánimos y aunar a la ciudadanía tras una campaña electoral que suele ser sumamente divergente, como la actual.

Sin embargo, no se recuerda ninguna otra en la que haya irrumpido de manera tan disruptiva la camiseta del combinado nacional de fútbol, con el oficialismo advirtiendo de que De la Espriella pretende "robar" un símbolo que representa a todos los colombianos, en un momento además en el que el equipo se encuentra disputando el Mundial en tierras norteamericanas.

La Justicia colombiana instó a De la Espriella y a su equipo a dejar de utilizar estos símbolos durante la campaña, algo que desoyeron, después de una queja en la que se denunciaba que con ello se asociaban estos distintivos nacionales a una candidatura en particular. Finalmente, otro fallo tumbó esta prohibición.

El candidato de la ultraderecha no ha escatimado tampoco en utilizar imágenes de las Fuerzas Armadas, a las que ha instado en varias ocasiones a cumplir con su labor en caso de que el oficialismo no acepte su triunfo.

La camiseta se sitúa así en el centro del debate político, mientras Colombia transita por una importante crisis sanitaria, con la histórica gestión de empresas privadas como intermediarias de los servicios de salud en entredicho y la reforma de Petro archivada tras más de un año de desacuerdos en el Congreso, pero también de seguridad, pues sigue siendo uno de los países más violentos de la región.

En estos últimos cinco años, los grupos armados han duplicado sus integrantes, el caso más paradigmático es el del Clan del Golfo, y la ambiciosa política de paz de Petro se ha topado con la dura realidad de que el narcotráfico, el verdadero motor que mueve estas dinámicas, continúa siendo mucho más lucrativo que las alternativas que ofrece el Estado, pese a importantes mejoras sociales.

La mano dura, respaldada por las políticas de Washington, propuesta por De la Espriella para combatir a estos grupos contrasta con la apuesta de Cepeda por terminar de aplicar los acuerdos firmados con la extinta guerilla de las FARC allá por 2016 en La Habana y revisar el plan de "paz total" de Petro, cuyos "vacíos, desaciertos y errores", deben ser subsanados.

Sea quien sea el próximo presidente deberá llevar sus promesas electorales a un Congreso donde el ahora oficialista Pacto Histórico es la mayor fuerza política en ambas cámaras, seguido de Centro Democrático, lo que vaticina una importante polarización, en la que otras formaciones clásicas, como liberales y conservadores serán decisivos para conformar mayorías y posibles coaliciones de gobierno.

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