Archivo - Fotografía de archivo de niños sudaneses en medio de la guerra entre el Ejército y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) - Mudathir Hameed/dpa - Archivo
MADRID, 22 Ene. (EUROPA PRESS) -
La organización no gubernamental Save the Children ha lamentado este jueves que ocho millones de niños de Sudán llevan cerca de 500 días sin poder acudir a la escuela a causa de la guerra, en lo que supone uno de los cierres escolares más largos a nivel mundial, superando el registrado en Filipinas durante la pandemia de coronavirus.
La ONG ha indicado que la cifra supone casi la mitad de los niños en edad escolar en el país africano y ha recalcado que, al contrario que en el caso de la pandemia, la educación en remoto no es una opción a causa del conflicto desatado en abril de 2023 entre el Ejército y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).
La situación ha sumido al país en una de las peores crisis educativas en el mundo, con muchas escuelas cerradas o dañadas por la guerra, mientras que numerosos centros educativos están siendo usados como refugios para familias desplazadas, lo que deja a los menores sin un lugar para estudiar.
El estado más afectado es el de Darfur Norte, situado en el oeste y actual epicentro de los combates, donde solo el 3% de las 1.100 escuelas están abiertas. Darfur Sur Kordofán Occidental y Darfur Occidental figuran por detrás en la lista, con el 13%, el 15% y el 27% de las escuelas abiertas, respectivamente.
A ello se suma que muchos profesores no han recibido salario alguno desde hace meses, lo que ha provocado que algunos de ellos hayan abandonado su profesión, por lo que Save the Children insiste en la importancia de pagar y formar a profesores, restaurar los centros educativos y entregar suministros educativos esenciales para evitar un empeoramiento de la situación.
La directora ejecutiva de la ONG, Inger Ashing, ha reseñado que "los niños que han sufrido una violencia inimaginable en Sudán merecen más que solo seguridad". "Merecen la oportunidad de aprender, tener esperanza y reconstruir sus vidas", ha dicho tras realizar este mes un viaje a Sudán con paradas en Puerto Sudán, Río Nilo y la capital, Jartum.
"La educación no es un lujo para los niños. Es un salvavidas que protege a los niños de la explotación, el matrimonio infantil y el reclutamiento en grupos armados. Da seguridad, estabilidad y esperanza para el futuro", ha destacado. Así, ha desvelado que durante su visita "escuchó el mismo mensaje por parte de los niños" en cada lugar al que fue. "Quieren estar en la escuela. Seguros, apoyados y aprendiendo".
DERECHO A "PERSEGUIR SUS SUEÑOS"
Ashing ha detallado que se reunió con una niña de nueve años que vivía en Jartum cuando estalló el conflicto, por lo que se vio forzada a huir. "Perdió casi un año de colegio. Hoy, como el resto de niños con los que hablé, anda varios kilómetros al día para acudir clase, a pesar de que dice que el viaje puede ser solitario y a veces aterrador", ha explicado.
"Amina me contó lo feliz que está por estar de vuelta con sus amigos y aprender de sus profesores. Su actividad favorita es escribir en inglés", ha apuntado, al tiempo que ha reclamado "escuchar" a los menores para "llegar a todos los niños" y "encontrar vías y financiación para expandir este apoyo y cerrar los huecos en el aprendizaje.
"Cada niño en Sudán tiene derecho a una educación y a tener la posibilidad de perseguir sus sueños, a convertirse en doctores, enfermeras, profesoras e ingenieros. No debemos fallarles", ha insistido Ashing, quien ha incidido en que son necesarios fondos "urgentemente" para "restaurar y expandir los servicios educativos seguros y de calidad".
Los fondos deben ser además dedicados a "rehabilitar escuelas dañadas y dar a los profesores unas condiciones de trabajo justas". "Si fracasamos a la hora de invertir hoy en la educación, nos arriesgamos a condenar a toda una generación a un futuro definido por el conflicto, en lugar de por la oportunidad", ha apostillado la directora ejecutiva de Save the Children.
La ONG, que trabaja en Sudán desde 1983, cuenta con programas educativos en nueve de los 18 estados de Sudán, donde apoya a más de 400 escuelas con programas como comidas escolares, jardines escolares y entrega de suministros básicos. Además, da servicios sanitarios, nutricionales y de protección a la infancia en el país africano.