Publicado 11/05/2026 11:08

Leticia Sala escribe sobre "miedo a envejecer" y bótox: "La presión estética siempre será más fuerte que uno mismo"

Apela a la unidad de las mujeres ante las "mentiras" de la industria: "Para mí es súper importante que esto no nos separe"

La autora catalana Leticia Salas. Foto: Adrià Cañameras
La autora catalana Leticia Salas. Foto: Adrià Cañameras - ADRIÀ CAÑAMERAS

   MADRID, 11 May. (EUROPA PRESS) -

   La escritora catalana Leticia Sala publica este miércoles 13 de mayo el ensayo 'Dame veneno que quiero vivir. Skincare, bótox, miedo a envejecer y linaje femenino' (Anagrama), en el que reflexiona sobre cómo la "presión estética" e industria cosmética afecta especialmente a las mujeres.

   "Uno está bajo el paraguas de la presión estética y de la industria cosmética y eso siempre va a ser más fuerte que uno mismo. Pero me veo con la cabeza un poquito más amueblada (tras haber investigado sobre el tema)", ha explicado la autora en una entrevista con Europa Press.

   Al respecto, considera que la gente sigue comprando las "mentiras" de la industria estética porque esta juega con el "pensamiento mágico": introduce el miedo a envejecer y vende soluciones para lo que se "teme".

   "Juegan muy bien con el pensamiento mágico. Nuestra psique necesita aferrarse a actos de la misma forma en la que nos aferramos a un objeto cuando un amigo o una pareja se va un año a vivir fuera. Y la industria lo ha captado muy bien. Entonces es 'le vamos a decir lo que teme y de este modo va a comprar el producto'. Es una especie de pensamiento mágico mal dirigido", ha explicado.

    Además, explica que esta industria se basa en dos "monstruos" que cree que son el edadismo y el machismo. "Van de la mano, son dos gigantes que están ahí. Es imposible hablar de uno sin hablar del otro sabes, se necesitan y retroalimentan entre ellos. Y estamos aquí las mujeres haciendo lo que podemos, simplemente no muriéndonos (...). Estamos envejeciendo y de pronto nos encontramos con esos dos monstruos poniendo muy difícil algo que es absolutamente natural y que no hemos ni decidido", ha añadido.

   Para abordar este ensayo, Sala ha entrevistado a diversas mujeres -algunas aún niñas, mujeres trans y mujeres que se han sometido a retoques estéticos- para crear "un flujo de conciencia" con "apoyo objetivo".

   "Fue muy interesante ponerse en la piel, y nunca mejor dicho, del otro. Siempre es más fácil ponerse súper categórico, en plan 'el bótox es malo, no hay que ponerse bótox o los retoques en general'. Pero realmente esto solo estimularía más el separarnos entre mujeres, que es algo que menciono en el libro. Para mí es súper importante que esto no nos separe, ya sea que tomemos unas decisiones u otras", ha asegurado.

   Ante la pregunta de si el 'skincare' y los retoques estéticos son una forma de relegar a las mujeres y despojarlas de ciertos logros, Sala afirma que no le parece una "casualidad" que la "obesesión" por el rostro haya llegado pocos años después del llamado 'body positive', un movimiento que promueve la aceptación de todos los cuerpos.

   "No me parece casualidad. Alrededor de los 2010 hubo el movimiento 'body positive', el resurgimiento que entró con mayor fuerza durante unos años muy escasos, pero prometedores. Para la mujer las conversaciones más mundanas y más grandes estaban cambiando hacia una aceptación mayor de una mujer más compleja, con distintas formas, con distintos trabajos, que materna, que no materna. Ahora todas las conquistas hay que ponerlas en tela de juicio", ha añadido.

   Así, Sala explica que el rostro, que hasta hace unos años había sido un "territorio relativamente libre" -"no había una obsesión tal como la de ahora"- ha dejado de serlo para pasar a convertirse en "otro lugar del cuerpo en el que hay que poner atención".

   Sin embargo, su intención no es generar "culpabilidad" entre las mujeres, ya sea por ser usuarias de dichos retoques estéticos o no. "No sé lo que es ser una mujer de 65 años, jubilada, que tiene esa sensación de que no tiene un lugar en el mundo. Lo que me gustaría cambiar es que, hacerse retoques cuando pensabas que no te ibas a hacer, no te hiciera directamente llegar a la culpabilidad", ha explicado.

"NO HABRÍA QUE NORMALIZAR QUE UNA NIÑA DE 3 AÑOS SE CUIDE LA PIEL"

   Otro de los temas que aborda Sala en el ensayo es la llegada de esa presión estética a los menores. De hecho, investiga sobre la tendencia "Sephora kids", preadolescentes y adolescentes que utilizan productos de cuidado de la piel comercializados por minoristas de belleza.

   "No habría que normalizar que una niña de tres años se esté cuidando la piel. Es en dónde pone las manos: no las tiene que poner en su rostro como hacemos nosotras mañana y noche. Las tiene que poner en el barro o en los juguetes. Esto me parece indiscutible", ha precisado.

   Para evitar esto, Sala pide un control de redes sociales y que haya una "súper alerta" en el mundo de la publicidad para que no se toleren ni palabras como "antienvejecimiento" o que los niños formen parte de estas campañas. "Quienes nos gobiernan han de imponerse y en ese sentido ser muy férreos", ha dicho.

   La autora catalana aborda en 'Dame veneno que quiero vivir' cómo los retoques estéticos pueden ser una declaración política, explicando otro fenómeno, la tendencia estética 'Mar-a-Lago Face', que es llevada a cabo entre las personas que forman parte del círculo interno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sala explica que los pacientes de esta ola "quieren que se note la intervención" y se caracterizan por rellenos "maximalistas".

   Al respecto, la autora plantea la pregunta de si "la arruga será de izquierdas o de derechas". "El rostro es lo primero que vemos en alguien. Para saber el pensamiento político de alguien necesito hablar con esa persona, que de repente aparezca el tema del aborto y que opine. Ahí sabré si esta en contra o a favor. Pero con los tratamientos estéticos en la cara, es algo muy 'inescapable', ha zanjado.

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